Apoyo y maestro de tu hijo.

Al preguntarle a Anastasia de qué modo un trozo de tierra con sus plantaciones –aun habiendo sido plantadas de ese modo especial y encontrándose en contacto directo con la persona– podría contribuir a la crianza de los niños, me esperaba oír de ella una respuesta así como que es necesario inculcar a los niños el amor a la naturaleza, o algo similar. Sin embargo, me equivoqué. Lo que ella me dijo, me asombró por la simplicidad del argumento y, al mismo tiempo, por la profundidad de su sentido filosófico.

—¡La naturaleza, la mente del Universo han hecho que cada nuevo ser humano nazca soberano, rey! El recién nacido es semejante a un ángel: puro e inmaculado. Al tener todavía abierto el sincipucio, recibe un gran torrente de información del Universo. Las capacidades de cada recién nacido le permiten convertirse en la criatura más sabia del Universo, semejante a Dios. Necesita muy poco tiempo para derramar gracia y felicidad sobre sus padres. El periodo en el que está tomando conciencia de la esencia de lo que constituye el Universo y del sentido de la existencia humana, abarca solamente nueve años terrestres. Y todo lo que necesita para esto, ya existe. Únicamente, los padres no deberían tergiversar la genuina estructura natural del Universo apartando al niño de las creaciones más perfectas del mismo. Pero el mundo tecnócrata no les permite a los padres hacerlo. ¿Qué ve el bebé en su primera mirada consciente? Ve el techo, el borde de su cuna, algunas prendas de tela, las paredes…, todo ello atributos y valores del mundo artificial, creados por la sociedad tecnócrata. Y en este mundo se encuentra su madre y sus pechos. “Pues así deben de ser las cosas” —concluye―. Sus sonrientes padres le obsequian con objetos que tintinean o chirrían, los juguetes. ¿Para qué? Va a pasar mucho tiempo intentando llegar a entender con qué fin estas cosas tintinean y chirrían. Va a intentar comprenderlo con su mente consciente y su subconsciente. Luego, los mismos padres sonrientes van a atarle con unos trapos que le resultan de lo más incómodo. Él va a intentar librarse, ¡pero en vano! ¡Y la única manera posible de protestar es el grito! El grito de protesta, la petición de ayuda, el grito de indignación. Desde este momento, el ángel y soberano se convierte en un esclavo, un indigente que mendiga.


Uno tras otro, el niño es obsequiado con atributos del mundo artificial. Es
recompensado con un nuevo juguete, una nueva ropita, como un bien. Y con esto, le inculcan que estos objetos son los más importantes de este mundo al que ha venido. A él, el ser más perfecto del Universo, aunque sea pequeño todavía, le hacen gorgoritos y tratan con condescendencia, con esto mismo, sin querer, le tratan como si fuera un ser imperfecto. Incluso en las instituciones que vosotros consideráis educativas, le siguen hablando constantemente de los valores de ese mundo artificial. Solamente, hacia la edad de nueve años, mencionan, de paso, la existencia de la naturaleza, como si fuera un anexo de lo otro, de lo principal, sobreentendiendo que lo principal es todo lo que ha sido hecho por la mano del Hombre. Y la mayoría de la gente hasta el fin de sus días, no es capaz de tomar conciencia de la verdad. Podría decirse que la sencilla pregunta: “¿En qué consiste el sentido de la vida?”, queda sin resolver.

Y el sentido de la vida hay que encontrarlo en la verdad, la alegría y el amor. Un niño de nueve años, criado por el mundo natural, tiene una comprensión mucho más precisa del Universo que las instituciones científicas de vuestro mundo y que muchos de los científicos reconocidos por vuestra sociedad.
―¡Para, Anastasia! Probablemente te refieres a un conocimiento de la naturaleza, asumiendo que su vida transcurriera de la misma manera que la tuya. Y aquí puedo estar de acuerdo contigo. Pero es que el hombre actual está forzado, para bien o para mal – eso es otra cuestión– a vivir, precisamente, en nuestro mundo tecnócrata, como tú lo llamas. El Hombre criado así como propones, va a conocer la naturaleza, a sentirla, pero en las otras cosas será un absoluto profano. Es que… verás, están también las ciencias, como las matemáticas, la física, la química, o simplemente, el conocimiento de la vida, de las manifestaciones sociales.

―Para alguien que ha aprendido en su justo momento la esencia del Universo, todo eso es una nimiedad. Si él quiere o considera necesario probarse a sí mismo en el dominio de alguna ciencia, sobresaldrá fácilmente de entre todos los demás.

―¿De dónde has sacado esto, Anastasia? Me interesa saber.

―El hombre del mundo tecnocrático no ha inventado todavía nada que no exista en la naturaleza. Incluso los perfectos mecanismos manufacturados, son solamente una mísera sombra de lo que existe en la naturaleza.

―Está bien, que sea así, pero me prometiste explicar cómo se puede criar a un niño y desarrollar sus capacidades en nuestras condiciones. Sólo te pido que hables de ello, de forma que lo pueda entender, dando ejemplos concretos.

―Intentaré darte ejemplos concretos, ―contestó Anastasia―. Yo ya he modelado situaciones así y he intentado sugerirle a una familia qué hay que hacer, sólo que no hay forma de que ellos se den cuenta del punto clave, y hagan a su niño la pregunta adecuada… Estos padres resultaron tener un niño excepcionalmente puro y capaz, que podría haber traído mucho beneficio a los que viven en la Tierra, pero… Estos padres llegan con su niño de tres años a su parcela de dacha y traen consigo sus juguetes favoritos. Los juguetes artificiales, que desplazan las verdaderas prioridades del Universo. ¡Ay, si al menos no hicieran eso! En efecto, al niño se le puede entretener y entusiasmar con otra ocupación más interesante que la desprovista de sentido e incluso perjudicial comunicación con los objetos manufacturados.

En primer lugar, pedidle que os ayude, pero hay que hacerlo muy en serio, sin condescendencia alguna, ya que, de hecho, él realmente os ayudará. Si estáis plantando, pedidle que sostenga las semillas que se van a plantar o que rastrille el bancal, o que, de por sí, ponga la semilla en el hoyo preparado. En todo momento, comentadle lo que estáis haciendo, por ejemplo, así: “Vamos a poner la semilla en la tierra y con la tierra lo cubrimos. Cuando el solecito luzca y caliente la tierra, la semilla sentirá el calorcito y empezará a crecer, querrá mirar al solecito y asomará de la tierra un brotecito verde, tal como éste”. Y con estas palabras, hay que señalarle alguna hierbecita. “Si le gusta, el brotecito va a hacerse cada vez más y más grande y puede convertirse en un árbol, o en algo más pequeño, en una flor. También quiero que nos dé un sabroso fruto, y tú lo comerás, si te gusta. El brotecillo preparará su fruto para ti”.

Cada vez que lleguéis con el niño a vuestro terreno, o cuando despierte por la mañana, lo primero que hay que hacer es proponerle mirar si ha asomado ya el brotecito. Cuando veáis que el brotecito ya ha aparecido, regocijaos. Si sembráis plantones en vez de semillas, también hay que explicarle al niño lo que estáis haciendo. Si sembráis los plantones de tomates, entonces, que él os traiga los tallos uno a uno. Si quebrara alguno sin querer, tomad en las manos el tallito quebrado y decid: “Creo que éste no va a vivir y no nos dará fruto, se ha quebrado, pero con todo y con eso, vamos a probar a plantarlo”. Y plantad, junto a los otros, al menos un plantón quebrado.

Al cabo de unos días, cuando os acerquéis otra vez al bancal con vuestro hijo y los tallos de tomates hayan agarrado ya, señaladle al pequeño también el tallito quebrado, que se está marchitando y recordadle al niño que éste se quebró al plantarlo. Pero al hacer esto, no habléis al niño en un tono aleccionador. Hay que hablarle como a un igual. En su conocimiento tiene que grabarse que en algunas cosas él os supera a vosotros, por ejemplo, en pureza de pensamientos. Él es un ángel. Si lográis entender esto, posteriormente podréis actuar ya intuitivamente, y verdaderamente vuestro hijo llegará a ser esa persona que os hará felices a vosotros.

Cuando vayáis a dormir bajo el cielo estrellado, llevad con vosotros también a vuestro hijo, acostadle a vuestro lado, que mire el cielo estrellado, pero en ningún caso le expliquéis ni los nombres de los planetas, ni cómo vosotros entendéis su origen y predesignación, puesto que vosotros mismos no lo sabéis, y los dogmas que existen en vuestro cerebro, solamente van a desviar al niño de la verdad. Su subconsciente conoce la verdad, y ésta, de por sí, pasará a su conciencia. Podéis comentarle simplemente que os gusta mirar las estrellas luminosas y preguntarle a vuestro hijo qué estrella le gusta más de entre todas.
En general, es muy importante saber hacerle al niño o a la niña las preguntas. Al año siguiente, hay que ofrecerle su propio bancal, adornarlo, darle la posibilidad de hacer allí todo lo que quiera. En ningún caso hay que obligarle a hacer algo en este bancal, ni corregir lo que haga. Solamente se le puede preguntar de vez en cuando lo que quiere hacer. Se le puede ayudar, pero sólo después de haberle pedido permiso para trabajar un poco junto a él o ella. Cuando vayáis a sembrar los cereales, invitadle a que eche algunos granos en el bancal con su manita.

―Bueno ―observé todavía con incredulidad―, puede que de esta manera, el niño muestre interés por el mundo vegetal, y puede que llegue a ser un buen agrónomo, pero, de todas formas, ¿de dónde le van a venir los conocimientos en los otros ámbitos?

―¿Pero cómo, de dónde? No es sólo una cuestión de que va a tener un conocimiento y un sentimiento de qué crece y cómo. Lo principal es que él empezará a pensar y a analizar, y en su cerebro se despertarán unas pequeñas células que van a funcionar ya toda su vida. Precisamente éstas, le van a hacer más inteligente y con más talento que aquellos que tienen estas celulitas dormidas. En cuanto a la vida, a lo que vosotros llamáis el progreso, esta persona puede resultar insuperable en cualquier campo, y la mayor pureza de sus pensamientos, en comparación con los otros, le hará más feliz. El contacto que ha establecido con sus planetas le permitirá recibir e intercambiar, constantemente, más y más información nueva cada vez. Toda esta información va a ser recibida por su subconsciente y transmitida a la conciencia en forma de más y más pensamientos y descubrimientos nuevos. En apariencia, parecerá una persona corriente, pero interiormente… éste es el tipo de persona a la que vosotros llamáis “un genio”.

Anuncios

De los consejos de Anastasia — La semilla es el médico

Anastasia afirmaba:
Cada semilla plantada por vosotros contiene en sí una enorme cantidad de información . Con ayuda de esta información, del Universo. Esta información no puede compararse ni en cantidad ni en exactitud con la que encierra algo hecho por la mano del Hombre la semilla conoce el momento en el que ha de despertar a la vida con una exactitud de fracciones de segundos, conoce cuándo germinar, qué sustancias tomar de la tierra, cómo aprovechar la irradiación de los cuerpos cósmicos: el Sol, la Luna, las estrellas; en qué debe convertirse, qué frutos dar. Los frutos tienen el propósito de abastecer vitalmente al Hombre. Estos pueden resistir o luchar contra cualquier enfermedad del organismo del Hombre, de forma efectiva y con más poder que cualquier medicamento hecho por su mano, que haya existido o exista jamás. Pero para que esto suceda, la semilla tiene que conocer el estado de la persona, para poder aportar al fruto, en el proceso de su maduración, la proporción necesaria de sustancias para la curación de esa persona concreta, de su enfermedad, si ya existe, o de su propensión a ella.

Para que la semilla de un pepino, de un tomate o de cualquier otra planta criada en la huerta, tenga tal información, es necesario hacer lo siguiente:

Antes de sembrarlas hay que colocar en la boca una o varias semillitas y mantenerlas bajo la lengua no menos de nueve minutos. Después, hay que colocarlas entre las dos palmas de las manos y mantenerlas así unos treinta segundos. Al mantener las semillas entre las palmas, es necesario estar descalzos sobre el terrenito donde se va a plantar. Abre las palmas de las manos y cuidadosamente, acerca a tu boca la semilla que estás sosteniendo. Espira el aire desde tus pulmones hacia la semilla. Caliéntala con el aliento tuyo y esta semillita conocerá todo lo que hay en ti. Luego, es necesario mantener las manos abiertas durante otros treinta segundos todavía, presentando la semilla a los cuerpos celestes. Y ella determinará el instante de su nacimiento. ¡Todos los planetas la ayudarán en ello! Y regalarán a los brotecillos la luz necesaria para ti.

Luego ya puedes plantar la semilla en la tierra. En ningún caso hay que regarla enseguida, para que no se pierda con el agua tu saliva y la información que envuelve por completo a la semilla, y que ha de ser absorbida por ésta. Sólo al expirar el tercer día después de la plantación, se puede regar.

Se debe plantar en los días más favorables para cada legumbre (la gente ya sabe esto, por el calendario lunar). En ausencia de riego, la siembra prematura no es tan de temer como la siembra tardía. No se deben arrancar todas las hierbas adventicias que salgan al lado del brote que nació de tu semilla. Al menos una de cada especie debe quedar en su sitio. Las hierbas adventicias también se pueden recortar… Según Anastasia, la semilla es así capaz de integrar toda la información sobre la persona y entonces, durante el desarrollo de su fruto, recogerá al máximo del Universo y de la Tierra, la mezcla óptima de energías necesarias para esta persona concreta. No se debe quitar todas las hierbas adventicias porque éstas también tienen su propósito.
Algunas sirven para proteger a la planta de enfermedades, y otras le brindan una información complementaria. Durante el tiempo de cultivo, es vital comunicarse con la planta: al menos una vez en su periodo de crecimiento hay que acercarse a ella y tocarla. Es deseable hacerlo durante la luna llena.

Anastasia afirmaba que los frutos cultivados, desde la semilla, de esta manera y consumidos por la persona que los ha criado, son capaces de curar a esta persona de absolutamente cualquier enfermedad de la carne, frenar considerablemente el envejecimiento del organismo, librarle de sus hábitos nocivos, aumentar en muchas veces sus facultades mentales, y darle tranquilidad a su alma. Los frutos tendrán una influencia más efectiva si se consumen en los tres primeros días de ser cosechados, no más tarde.

Las acciones arriba indicadas hay que realizarlas con diferentes tipos de cultivos que se planten en la parcela. No es necesario sembrar de esta manera todo el bancal de pepinos, tomates, etc., es suficiente con unas cuantas matas de cada tipo.

Los frutos cultivados del modo indicado van a distinguirse de entre los demás de la misma variedad, no sólo en el sabor. Si se sometieran a un análisis se comprobaría que se distinguen también en cuanto a la proporción de las sustancias que contiene.

Cuando se siembran plantones, es imprescindible remover un poco la tierra del hoyo excavado con las manos y con los dedos de los pies descalzos, y también escupir en el hoyo. A la pregunta, por qué con los pies, Anastasia explicó que a través del sudor de los pies, se expulsan del cuerpo sustancias (quizás toxinas) que contienen información sobre las enfermedades del organismo. Esta información será asimilada por los plantones. Ellos la transmitirán a los frutos que serán capaces de luchar contra esas afecciones. Anastasia recomendaba andar por la parcela descalzo de vez en cuando.

A mi pregunta “¿Qué especies es necesario cultivar?”, Anastasia contestó:

La variedad que hay en la mayoría de las huertas es suficiente: frambuesas, grosellas, grosellero espinoso, pepinos, tomates, fresas silvestres, algún manzanito de cualquier tipo. Un guindo o un cerezo vendrán muy bien, también flores. La cantidad de cultivos o el área de siembra, no tienen gran importancia.

Al grupo de los indispensables, sin los cuales es difícil imaginar un completo microclima energético en la parcela, pertenece el girasol (al menos uno). Debe haber necesariamente también un área de uno y medio a dos metros cuadrados de cereales como centeno o trigo. Y necesariamente hay que dejar una isleta de no menos de dos metros cuadrados para las distintas hierbas silvestres, que no se planten, sino que crezcan espontáneamente. Y si no ha dejado hierbas creciendo libremente en su terreno hay que traer una capa original de suelo del bosque y recuperar esa isleta mediante esta capa.

Le pregunté a Anastasia si había necesidad de plantar en la parcela estos
“indispensables”, si ya creciera la hierba de forma salvaje no muy lejos de allí, detrás de la cerca, por ejemplo, y recibí la siguiente respuesta:

No sólo la variedad de plantas es importante, sino también el modo en que se plantan y la comunicación directa con ellas, precisamente a través de lo cual se impregnan de información. Te he explicado una forma de plantar, ésa es la principal. Lo importante es saturar el trocito de la naturaleza que te rodea con tu información. Sólo entonces, el efecto curativo y simplemente el apoyo vital para tu organismo, será sensiblemente más alto que el que recibes de cualquier otro fruto. En la naturaleza salvaje, tal como la llamáis, –aunque ella no es salvaje, simplemente es desconocida por vosotros–, hay multitud de plantas con cuya ayuda se pueden curar absolutamente todas las enfermedades que existen. Además, ellas fueron precisamente creadas con este fin. Pero el hombre ha perdido, o casi, la habilidad de identificarlas.

Le conté a Anastasia que tenemos muchas farmacias especializadas que venden hierbas medicinales y que también tenemos, tanto médicos como curanderos, que curan profesionalmente con hierbas, a lo que ella respondió:

Hay un médico-jefe: tu organismo. Él fue dotado desde el principio con la capacidad de saber qué hierba es necesario emplear y cuándo. Y en general, cómo alimentarse, cómo respirar. Él es capaz de prevenir la enfermedad aun antes de que se manifieste exteriormente. Y nadie más podrá sustituir a tu organismo, puesto que él es tu médico particular y te fue dado personalmente a ti por Dios, sólo y directamente a ti. Te estoy contando cómo darle la posibilidad de actuar en tu beneficio.

Al establecer esta relación con las plantas de tu parcela, ellas van a curarte y cuidarte. De hecho, te harán el diagnóstico exacto y prepararán un medicamento especial, que será particularmente eficaz para ti.

Anastasia Sobre Los Hortelanos

Anastasia me habla mucho y apasionadamente, acerca de las posibilidades que se le puede abrir a la gente que se comunica con las plantas. En general, los dos temas de los que Anastasia habla con una emoción particular entusiasmándose y con un verdadero enamoramiento, diría yo, son la crianza de los niños y los dachniks(hortelanos). Si yo contara aquí todo lo que ella dice sobre los dachniks, la importancia que les da, entonces poco menos que tendríamos que estar arrodillados ante ellos. Imagínense: ella considera que no sólo nos han salvado a todos del hambre, sino que además siembran bondad en las almas, y educan a la sociedad del futuro… No podría enumerarlo todo. Sería necesario otro libro aparte. Y no es que sólo lo diga, sino que intenta demostrarlo todo dando argumentos:

―La cosa es que esa sociedad donde tú vives puede comprender muchas cosas hoy día a través del contacto con las plantas cultivadas en las dachas(huertos). Sí, te estoy hablando precisamente de las dachas, donde conoces cada plantita de tu terreno, y no de los vastos y despersonalizados campos de cultivo, por donde se arrastran monstruosas y obtusas máquinas. La gente se encuentra mejor trabajando en las dachas. A muchos, esto les ha prolongado la vida. Se hacen más bondadosos. Y precisamente son los dachniks los que pueden contribuir a que la sociedad tome conciencia de lo pernicioso del camino tecnocrático.

―Anastasia, al margen de que esto sea así o no, ¿qué tienes tú que ver con esto? ¿En qué consiste tu ayuda?

Ella me cogió de la mano llevándome a la hierba. Nos tumbamos boca arriba, con las palmas de las manos también hacia arriba. ―Cierra los ojos, relájate e intenta imaginar aquello que te voy a ir diciendo. Ahora encontraré a alguien con mi rayito, veré en la distancia a alguna de las personas a las que llamáis dachniks. Estuvo callada un rato, después empezó a hablar quedamente:

―Una mujer de edad avanzada desenvuelve una gasa donde están remojadas unas semillas de pepino. Las semillas ya germinaron mucho, se ven pequeños brotes. Ella coge una semilla en la mano… Ya está. Le sugerí que no hay que remojar las semillas así: los brotes se deforman a la hora de plantarlos, y tampoco les conviene del todo este tipo de agua para su alimentación, ya que hará que la semilla se enferme. Cree que ella misma se dio cuenta de esto, y en parte es así, yo sólo le ayudé un poquito a caer en ello. Ahora ella compartirá su idea comunicándole esto a otra gente. Se ha hecho una pequeña tarea.

Anastasia contaba que ella modela en su conciencia todas las situaciones posibles de trabajo, de ocio y de interacción de la gente tanto entre sí, como con las plantas. Cuando la situación modelada por ella se acerca a la realidad lo más posible, se establece un contacto en el que ella puede ver a la persona, sentir de qué está enferma, qué siente. Es como que Anastasia penetra en la imagen de esta persona y comparte sus conocimientos con ella. Anastasia decía que las plantas reaccionan al Hombre y pueden amarle u odiarle, e influir en su salud positiva o negativamente.

―Y precisamente aquí es donde tengo mucho trabajo. Me ocupo de las parcelas de las dachas. Los dachniks acuden a sus terrenitos, a sus plantaciones, como si de sus hijos se tratara, pero, por desgracia, sus relaciones son solamente intuitivas. Todavía no están reforzadas con la claridad de la conciencia del verdadero propósito de esta conexión. ―Todo, pero todo, en la Tierra, cada hierbecita, cada bichillo, ha sido creado para el
Hombre, tiene su propia y específica tarea predesignada, para servirle. La gran variedad de plantas medicinales confirma esto. Pero el Hombre de vuestro mundo sabe muy poco como para poder aprovechar la posibilidad que le ha sido dada para su propio beneficio. Para aprovecharla en su totalidad.

Pedí a Anastasia que me diera algún ejemplo concreto para demostrar la utilidad de esa comunicación consciente. Algo que se pudiera ver y comprobar en la práctica y pudiera ser sometido a investigación científica. Anastasia se quedó pensando durante un momento, después, de repente, se puso toda radiante y exclamó:
―¡Los dachniks, mis queridos dachniks! Ellos lo probarán todo, lo demostrarán y darán mucho trabajo a vuestra ciencia. ¿Cómo no me di cuenta, cómo no lo comprendí antes?

Alguna idea recién nacida despertó en ella una tempestuosa alegría. En general, ni una sola vez ví a Anastasia triste. Ella puede estar seria, pensativa y concentrada, pero más a menudo, alegre por algo. Esta vez ella se alegraba tempestuosamente. Se levantó de un salto, comenzó a dar palmas, y me pareció que el bosque se hizo más claro, que empezó a removerse, respondiéndole con el susurro de las copas de los árboles y con los trinos de los pájaros. Ella comenzó a girar, como en una danza. Después, toda irradiada, se sentó de nuevo a mi lado y dijo:

―¡Ahora creerán! Y serán ellos, mis amados dachniks. Ellos os lo explicarán y demostrarán todo.

Intentando devolver su atención lo más deprisa posible a la conversación
interrumpida, observé:

―Puede que no sea así necesariamente. Tú declaras que cada bichillo ha sido creado para el bien del Hombre, pero ¿cómo se va a creer eso la gente que ve asqueada cómo las cucarachas corretean por las mesas de las cocinas? ¿Qué? ¿También ésas han sido creadas para nuestro beneficio?

―Las cucarachas ―contestó Anastasia― corretean sólo sobre la mesa sucia para recoger los restos de partículas de comida, a veces invisibles, que están pudriéndose, para transformarlos y apilarlos como desperdicios ya innocuos, en un lugar retirado. Si resulta que hay muchas, trae a casa una ranita. Y las que están de más, enseguida se irán.

Lo que a continuación propone Anastasia hacer a los dachniks, probablemente, está en contradicción con la ciencia sobre el cultivo de plantas y, sin duda, contradice las prácticas comunes en cuanto a las reglas de plantación y cultivo de las diferentes variedades de vegetales en los huertos. Sin embargo, sus afirmaciones son tan grandiosas, que creo que vale la pena que todos los que tienen la posibilidad, lo pongan a prueba, aunque no sea en toda la superficie de su parcela, sino en una pequeña parte, ya que de esto no se puede esperar nada negativo, solamente algo bueno. Además, mucho de lo dicho por ella ya ha sido confirmado con sus experimentos por el doctor en ciencias biológicas Mijail Prójorov.
.

+ de Anastasia

La concepción del mundo de Anastasia es singular e interesante. ―¿Qué es Dios, Anastasia? ¿Existe? Y si es así, ¿por qué nadie Le ha visto? ―Dios es la Razón o Inteligencia interplanetaria. No se encuentra en una masa única.
La mitad de Él permanece en la parte inmaterial del Universo. Es un complejo de todas las energías. Su otra mitad está dispersada en partículas por la Tierra, cada ser humano porta una. Las fuerzas oscuras aspiran a bloquear estas partículas.

―¿Qué le espera a nuestra sociedad a tu juicio? ―La perspectiva es una toma de conciencia de lo pernicioso del camino tecnocrático del desarrollo y una vuelta hacia los orígenes.

―¿Me quieres decir que todos nuestros científicos son unos seres atrasados que nos llevan a un callejón sin salida? ―Quiero decir, que por medio de ellos se acelera el proceso con el cual os estáis acercando a la comprensión de que vais por un camino erróneo. ―¿Y qué? ¿Todas las máquinas y las edificaciones que construimos son en vano? ―Sí. ―¿No es aburrido para ti vivir aquí sola, Anastasia? ¿Sin televisión ni teléfono? ―¡Qué cosas más primitivas has nombrado! Esto lo ha tenido el Hombre desde el principio, sólo que en un estado más perfecto. Y yo las tengo también. ―¿Tienes televisor y teléfono?

―¿Pero qué es un televisor? Es un aparato, por medio del cual se lleva alguna
información a la casi atrofiada imaginación humana, se superponen las imágenes y se montan argumentos. Yo puedo por medio de mi imaginación dibujar todo tipo de argumentos, cualquier clase de imágenes, desarrollar las situaciones más increíbles, y además participar en ellas yo misma, es decir, influir en la trama. Ay, seguramente me he expresado de manera incomprensible, ¿verdad?

―¿Y el teléfono?

―Un Hombre puede hablar con otro sin ayuda del teléfono. Para esto sólo se necesita la voluntad y el deseo de ambos y una imaginación desarrollada.

¿Quién enciende una nueva estrella?

En la segunda noche, temiendo que Anastasia me metiera su osa otra vez para
calentarme o maquinara alguna otra cosa, me negué rotundamente a acostarme, si ella no se acostaba a mi lado. Pensé que si estaba a mi lado no maquinaría nada. Y dije:
―Me invitaste, supuestamente, como huésped a tu casa. Yo pensaba que aquí habría, al menos, algunas construcciones, pero ni siquiera me dejas encender una hoguera y encima, me metes bestias por la noche. Si no tienes una casa normal, entonces ¿para que invitas a la gente?
―Está bien, Vladimir, no te preocupes por favor, y no tengas miedo. No te ocurrirá nada malo. Si lo deseas, me acostaré a tu lado y te daré calor.
Esta vez la cueva-osera estaba sembrada con aún más ramitas de cedro, y había aún más hierba seca puesta con esmero, cubriendo el suelo, las paredes también estaban cubiertas de ramitas clavadas.
Me desvestí. Puse los pantalones y el jersey bajo mi cabeza. Me acosté, cubriéndome con la cazadora. Las ramitas de cedro desprendían ese aroma que, según la literatura científica de divulgación, descontamina el aire, aunque en la taiga, el aire de por sí es puro y fácil de respirar. La hierba seca y las flores añadían algo más… un aroma inusualmente delicado.
Anastasia cumplió su palabra y se acostó a mi lado. Sentí que la fragancia de su cuerpo excedía todos los olores. Era más grato que el más delicado de los perfumes que yo hubiera podido respirar alguna vez del cuerpo de una mujer. Pero ahora, ni se me pasaba por la mente poseerla. Después de aquel intento de hacerlo en el camino hacia el clarito de bosque de Anastasia, el miedo que se apoderó de mí entonces, y la pérdida de conciencia, no me surgieron más deseos lascivos, ni tan siquiera cuando la veía desnuda.

Mientras estaba acostado, soñaba con el hijo que mi mujer nunca me dio. Y pensé:

“¡Qué bueno sería si me naciera un hijo de Anastasia! Ella es tan sana, tan resistente y bella. Entonces, el niño también sería sano. Se parecería a mí. Bueno, a ella también, pero más a mí. Se hará una persona fuerte e inteligente. Va a saber mucho. Llegará a ser una persona de talento y feliz”.

Imaginé a mi hijo siendo un bebé, pegado a los pezones de su pecho e
involuntariamente puse la mano sobre el elástico y caluroso pecho de Anastasia. Inmediatamente, un temblor recorrió todo mi cuerpo y al momento se disipó, pero no era de miedo, sino excepcionalmente agradable. No retiré la mano, simplemente esperaba, conteniendo la respiración, a ver qué ocurría a continuación. Y entonces sentí cómo sobre la mía, descendió la suave palma de su mano: ella no me apartaba.

Me incorporé un poco y empecé a mirar el hermoso rostro de Anastasia. La blanca noche norteña lo hacía aún más atractivo. Era imposible despegar la mirada. Sus cariñosos ojos de color gris-celeste me miraban a mí.

No pude refrenarme, me incliné y apenas con un roce, rápido y delicado, besé sus labios entreabiertos. De nuevo, por el cuerpo me recorrió un temblor agradable. El aroma de su aliento envolvía mi rostro. Sus labios no pronunciaron, como la vez pasada: “No lo hagas, tranquilízate”, y no había miedo en absoluto. Los pensamientos de un hijo no me abandonaban. Y cuando Anastasia me abrazó tiernamente, me pasó la mano por el cabello y se hizo hacia a mí con todo su cuerpo… ¡sentí algo indescriptible…!

Sólo al despertarme por la mañana pude tomar conciencia de que nunca antes en toda mi vida había experimentado una sensación tan magnífica de admiración y satisfacción tan dichosas. Otra cosa que me extrañó fue que después de pasar la noche con una mujer, siempre viene una sensación de cansancio físico, sin embargo, aquí todo era diferente. Y también tenía la sensación de alguna gran creación. La satisfacción no era solamente física, sino que era una satisfacción algo incomprensible, desconocida antes para mí, extraordinariamente bonita y alegre. Incluso cruzó por mi mente la idea de que, sólo por una sensación así, vale la pena vivir.

¿Y por qué no había experimentado antes nada parecido a esto? Aunque había habido diferentes mujeres: bellas, queridas, experimentadas en el amor… Anastasia era una chiquilla. Una muchacha sensible y cariñosa. Pero además de esto, había algo en ella que no era propio de ninguna de las mujeres que yo había conocido. ¿Qué era? ¿Y dónde se había metido ahora? Me acerqué a la entrada de la confortable cueva osera, me asomé y miré al claro.

El claro se hallaba en un nivel un poco más bajo que la morada nocturna, situada en una elevación. Lo cubría una capa de niebla matutina de medio metro. En esta niebla, Anastasia daba vueltas con las manos extendidas haciendo que una pequeña nubecilla de niebla se elevara a su alrededor. Y cuando ésta la envolvía por entero, Anastasia daba un salto con ligereza y volaba por encima de la capa de niebla extendiendo los pies en un spaccato como una bailarina, se posaba en otro sitio, y de nuevo, girando y riéndose, formaba una nueva nubecilla a su alrededor, a través de la cual penetraban los rayos del sol naciente, acariciándola. Era una escena encantadora y fascinante y movido por la gran emoción que me embargaba grité:
―¡Anastasiaaa! ¡Buenos días, hermosa hada forestal Anastasiaaa!
―Buenos días, Vladimir ―gritó ella, respondiendo con alegría.
―¡Me siento tan bien, tan estupendamente ahora! ¿Por qué es esto? ―grité con todas mis fuerzas.
Anastasia levantó las manos al encuentro del sol, se echó a reír con su atrayente risa feliz, y me gritó a mí y a alguien más en lo alto, como cantando:
―¡De todas las criaturas en el Universo, sólo al Hombre le es dado sentir algo así!
–¡Sólo al hombre y a la mujer que sinceramente desearon tener un hijo el uno del otro!
-¡Sólo el Ser Humano que siente algo así, enciende una estrella en el cielo!
-¡Sólo el Ser Humaaanooo que aspira a la creación.
–¡Graaacias a tiii! ― Y volviéndose sólo a mí, rápidamente añadió:
―Sólo al Ser Humano que aspira a la creación y no a la satisfacción de sus
necesidades carnales.
Ella se echó a reír alegremente otra vez, dio un gran salto, se estiró en un spaccato, como si se echara a volar por encima de la niebla. Después se me acercó corriendo, se sentó a mi lado, a la entrada de la morada nocturna, y empezó a peinar sus cabellos dorados con los dedos, levantándolos de abajo a arriba.
―¿Entonces no consideras el sexo como algo pecaminoso? ―pregunté.

Anastasia se quedó inmóvil. Me miró con asombro y respondió:

―¿Acaso fue esto sexo como el que en tu mundo se entiende por esta palabra? Y si no, entonces ¿qué es más pecaminoso: ¿entregarse para que venga al mundo un ser humano o abstenerse y no dejarle nacer? ¡A un verdadero ser humano!

Me quedé pensativo. Efectivamente, no era posible llamar “sexo” a la intimidad de la noche con Anastasia. Así es que entonces, ¿qué fue lo que pasó por la noche? ¿Qué palabra sería apropiada aquí? Y otra vez pregunté:

―¿Y por qué antes no me ha ocurrido nada semejante, y me atrevería a decir que tampoco a otros?

―Lo que ocurre, Vladimir, es que las fuerzas oscuras aspiran a desarrollar en el hombre bajas pasiones carnales para no dejarle sentir la bienaventuranza regalada por Dios. Ellos inculcan, por todas las vías posibles, que la satisfacción es algo que se puede obtener fácilmente pensando sólo en la satisfacción carnal. Y precisamente con ello, desvían al Hombre de la verdad. Las pobres mujeres engañadas, que ignoran esto, pasan toda la vida aceptando sólo sufrimientos, y buscando la bienaventuranza perdida. Pero la buscan en el sitio erróneo. Ninguna mujer podrá impedir al hombre la fornicación si ella misma se permite entregarse a él por la sola satisfacción de las necesidades carnales. Si ocurre esto, entonces su vida en común no será feliz.

Su vida en común es una ilusión de unión, una mentira, un engaño aceptado por las convenciones sociales. Puesto que la mujer misma en seguida se convierte en fornicadora, al margen de que esté casada con ese hombre o no.

¡Oh, cuántas leyes y convencionalismos ha inventado la humanidad esforzándose por consolidar esta falsa unión artificialmente! Leyes tanto religiosas como seglares. Todo en vano. Todo lo que han provocado estas normas es hacer que la gente haga un paripé de acuerdo con ellas y simplemente finja que esa unión existe. Pero los pensamientos interiores de una persona permanecen siempre inalterables y no están sujetos a nada ni a nadie. Jesucristo vio esto, e intentando contrarrestarlo dijo: “Aquel que mira a la mujer con concupiscencia, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”.

Después vosotros, en un pasado reciente, os esforzabas por estigmatizar al que abandonaba a su familia. Pero nada en ningún tiempo, en ninguna situación, ha podido detener el deseo del Hombre de buscar esa bienaventuranza sentida intuitivamente: la gran satisfacción. Y de buscarla contumazmente.

La unión falsa es temible. ¡Los niños! ¿Entiendes, Vladimir? ¡Los niños! Ellos sienten la mentira, la falsedad de tal unión. Y ponen en duda todo lo dicho por sus padres. Los niños, en su subconsciente, perciben el embuste ya durante el momento de su concepción. Y se sienten mal por ello.

Pero es que… dime, ¿quién, qué persona, va a querer venir al mundo como consecuencia, sólo, de placeres carnales? Todos y cada uno quisiéramos ser creados en un gran arrebato de amor, en la misma aspiración a la creación, pero no venir al mundo sólo como consecuencia de los placeres carnales.

Quienes entran en una falsa unión, van luego a buscar la satisfacción verdadera a escondidas el uno del otro. Van a tratar de poseer un cuerpo nuevo cada vez, o usarán sólo sus propios cuerpos de forma rutinaria y abocada al fracaso, sintiendo, de forma intuitiva, que la bienaventuranza de la unión verdadera está cada vez más y más lejos de ellos.

―Anastasia, espera. ¿De veras, tan irremediablemente condenados están el hombre y la mujer, si la primera vez, todo lo que pasó entre ellos, fue simplemente sexo? ¿Acaso no hay retorno, no hay posibilidad de subsanar la situación?

―Hay posibilidad. Ahora, yo sé qué hacer. Pero ¿dónde, qué términos encontrar para poder expresarlo con palabras? Yo estoy buscando todo el tiempo, esas palabras. En el pasado he buscado, y en el futuro. No las he encontrado. Quizás estén muy cerca, y de un momento a otro, se aparecerán; nuevas palabras nacerán, capaces de hacerse oír por la razón y el corazón. Nuevas palabras que hablen de la verdad ancestral de los orígenes.

―Pero no te preocupes mucho, Anastasia. Dilo de momento con las palabras que hay, poco más o menos. ¿Qué más puede necesitarse para la satisfacción verdadera, aparte de dos cuerpos?

―¡Conciencia! Una mutua aspiración a la creación, sinceridad y pureza en esta aspiración.

―¿Cómo sabes todo esto, Anastasia?

―No soy la única que lo sabe. Los maestros iluminados trataron de explicar la esencia de esto a la gente: Veles, Krishna, Rama, Shiva, Cristo, Mahomed, Buda.

―¿Pero tú qué? ¿Has leído sobre toda esta gente? ¿Dónde? ¿Cuándo?
―No he leído sobre ellos, yo simplemente sé lo que decían, lo que pensaban, lo que querían conseguir.

―¿Entonces el sexo por el sexo, según tu parecer, es malo?

―Muy malo. Desvía al Hombre de la verdad. Destruye las familias. Se malgasta una
enorme cantidad de energía.

―Entonces, ¿por qué se publican tantas revistas de toda suerte con mujeres
desnudas en posturas eróticas y se proyectan tantas películas con erotismo y sexo? Y todo esto goza de muchísima popularidad. La demanda engendra la oferta. ¿Es que pretendes decir que nuestra humanidad es completamente tonta?

―La humanidad no es tonta, pero el mecanismo de las fuerzas oscuras que eclipsa la espiritualidad y despierta las bajas pasiones de la concupiscencia es un mecanismo muy fuerte. Este trae muchas desgracias y sufrimientos a la gente. Funciona a través de las mujeres, utilizando su belleza. La belleza, cuyo propósito es engendrar y mantener en el hombre el espíritu de un poeta, un artista, un creador. Sin embargo, la mujer misma tiene que ser pura para esto. Si no hay suficiente pureza, se presenta la tentativa de atraer al hombre con los encantos de la carne. Con la belleza externa de una vasija vacía. Así le engañan a él, e inevitablemente, sufren en ellas mismas las consecuencias de este engaño toda la vida.

Ab(origenes) y Pax Romanus

En las antiguas formas de vivir nadie era dueño de nada y todos vivían por el bien mayor de la tribu y la naturaleza, y la auto-obsesión de sobrevivir en “El Sistema” nunca se mezclaba y nunca lo haría, es como el aceite para el agua.

Lo que le está pasando a los Ab(orígenes) no es diferente a las perturbaciones que el HOMBRE blanco del mundo occidental ha causado  a ecosistemas sensibles y frágiles de bosques tropicales, arrecifes, montañas, valles, océanos, bosques, suelo, aire, agua, etc, etc…

NO hay NADA en o de “El Sistema” que vaya a solucionar este inmenso problema.

Nunca fuimos hechos para interferir  la naturaleza, la verdadera naturaleza del HOMBRE, y joder al HOMBRE.

La profunda desconexión del buen corazón detrás de la fuerza de la naturaleza de los ab(orígenes) son el alcohol y las drogas por las que se han inclinado.

Les estamos diciendo que tienen que adaptarse a nuestro mundo que para ellos y las historias de sus ancestros  es alienígena.

Lo que estamos viendo con los indígenas por toda la Tierra es como nuestros ancestros hubieran respondido a la invasión de sus formas naturales de vida, hace muchas muchas generaciones.

Simplemente es que  hemos tenido mas tiempo para asimilarlo y asi adaptarnos a este mundo alienígena.

“El Sistema” es la Pax Romanus, un tratado de paz falso en donde todos los HOMBRES, los cuales vinieron de tribus de HOMBRES invadidas y diezmadas por toda la Tierra., que han tenido que sobrevivir alejados de su verdadera naturaleza y en donde nunca habrá un final feliz para cualquiera atrapado en “El Sistema” de fantasía, ilusión y engaño.

Todos los gobiernos, leyes, estatutos, reglas, regulaciones, etc.. SON Pax Romanus – los dictados de los conquistadores sobre los conquistados.

 De hecho Pax Romanus es una continuación del actual estado de guerra en donde todos los “derechos” naturales y la verdadera autonomía de la vida de cada HOMBRE ha sido abolida.

Al ser criado por la naturaleza la verdadera naturaleza de la naturaleza saca el buen corazón de cada HOMBRE, no hace falta vivir bajo ninguna Pax Romanus.

Esperar que la gente indígena se ajuste perfectamente a la vida de sistema y acepte la a Pax Romanus que todos hemos aceptado es como pedirles que sean teletransportados a otro planeta.

El progreso de la civilización en el que al día de hoy todos estamos atrapados, son las etapas moribundas de la Pax Romanus que solo nos van a llevar a la aniquilación de todos los que están atrapados en “El Sistema” por debajo de esta Pax Romanus, este mundo alienígena.